CÍRCULOS EN ESPIRAL - INVESTIGACION DE LAS PRACTICAS DE TEJIDO EN ZONA RURAL DE CIUDAD BOLÍVAR Y USME : LABORATORIO 4

 LABORATORIO 4: TEJIENDO ABRIGO

Manzana del cuidado, Mochuelo Bajo, Ciudad Bolívar.


A medida que ascendemos por la localidad de Ciudad Bolívar, el paisaje se transforma: la densa cuadrícula urbana se estira y adelgaza, revelando la geografía escarpada de los cerros del sur de Bogotá. El aire no se hace más puro, sino que toma un aroma distinto; el del polvo de canteras y escombros, mezclado con el frío de las montañas. Dejamos atrás la traza formal de la ciudad para adentrarnos en un borde con una historia de resistencia y una evidente metamorfosis.

Llegamos a Mochuelo Bajo, un territorio donde la única constante es el cambio, la muestra más palpable de cómo la ciudad devora sus periferias. Un sector que alguna vez fue una vereda de vocación rural y que hoy es un barrio popular incrustado en la montaña. Observamos la franja de construcciones informales y viviendas de autogestión que crecen vorazmente sobre lo que alguna vez fueron sembrados, potreros y quebradas.

En medio de las calles empinadas, las casas de ladrillo y los miradores con vistas dramáticas de la ciudad que se extiende, se sitúa la manzana del cuidado. Asomarse al paisaje de El Mochuelo Bajo es entender el drama de la expansión urbana vista desde la periferia, es situarse en un espacio de largas luchas por la tenencia de la tierra y la provisión de los servicios básicos. Es ser testigo de la desaparición de la memoria campesina que alguna vez habitó estos cerros, al ser reemplazada por una nueva identidad de barrio popular que surge entre el avance desenfrenado de la mancha urbana y la proximidad histórica al imponente Relleno Sanitario Doña Juana, una presencia que marca el destino y el olor de este sector.

ACTIVIDAD DEL TALLER:  EL MAPA DE NUESTROS SENTIRES: CARTOGRAFÍA AFECTIVA EN CIUDAD BOLIVAR RURAL.

Objetivo: Generar vínculos afectivos y emocionales con el territorio de la vereda. Identificar colectivamente los lugares de valor, de conflicto, de alegría, y de memoria dentro del plano de la vereda. Promover el diálogo y la escucha activa sobre las experiencias y percepciones del espacio.

Después de una sesión de tejido en dos agujas, en el que la dinámica resultó ser en sí un reflejo de la vida en el barrio: ayuda mutua, hacer y deshacer puntadas con paciencia, y una sesión basada en la solidaridad, no en la competencia, conversaciones giraron en torno a los problemas concretos del barrio: las dificultades de los servicios básicos, la lejanía de todo, las presiones de la vida cotidiana en el sur…

Se inició un ejercicio de cartografía poniendo en común los siguientes materiales:

Un plano a gran escala del barrio dibujado en una lámina grande de papel lo suficientemente grande para que las personas interactuasen con él simultáneamente y, varias figuras o iconos Afectivos: que representaban los siguientes conceptos:

Corazones: Para asignar el afecto, el amor, los lugares que te hacen sentir feliz o seguros y para hablar de nuestras propias casas.

Velas: para hablar de vuestros sueños y esperanzas.

Estrellas: para designar lo mejor del territorio, lo más bonito o destacable.

Espirales: para hacerle un regalo simbólico al territorio.

Así, se inició con una reflexión breve sobre la importancia del barrio-vereda como hogar y espacio de vida, no solo como un lugar físico, sino como un conjunto de recuerdos, personas, y emociones. Se realizó la presentación del plano del Mochuelo explicándolo brevemente, asegurando que todas las participantes pudieran identificar los principales referentes (vías, escuela, quebradas, etc.)

Se presentaron los iconos afectivos y su significado y se explicó “Vamos a usar estos símbolos para dibujar nuestras emociones en el territorio".

Se realizó una interacción con el plano persona a persona invitando a las participantes a pasar individualmente al mapa para colocar los símbolos según las siguientes indicaciones: pon este corazón en el lugar que te genera más afecto, alegría o seguridad, en el lugar de Afectos y pertenencia: Casa, el hogar de un familiar, un árbol especial, la cancha comunal, el punto de encuentro.

Pon esta vela en el lugar que representa tu esperanza o el futuro que sueñas para el barrio-vereda, como lugar de Potencial y Sueños: Un terreno para cultivar, el salón comunal que quieren mejorar, un sitio natural que desean proteger.

Pon esta espiral de tejido en un lugar al que tu debas hacerle un regalo (algo que le falte al barrio o que carezca de ello y pon esta estrella en un lugar que valores mucho, que te resulte especial o destacable...

Así mientras las participantes colocaban los símbolos, el moderador fue acompañando con preguntas abiertas como: “¿Qué hace que este lugar merezca este corazón?” o “¿Qué historia hay detrás de esta vela?”

REFLEXIÓN Y PUESTA EN COMÚN:

Una vez que todos los símbolos estuvieron en el mapa, el moderador guio una conversación a partir de lo que se vio: Identificación de Patrones: “Miren el mapa. ¿Dónde se concentran la mayoría de los corazones? ¿Y las espirales?” (Esto ayudó a identificar zonas de fortaleza y zonas de vulnerabilidad).

Narrativas Colectivas: se pidió a las personas que compartiesen las historias de los símbolos colocados, y que compartiesen algo que les haya llamado la atención sobre la colocación de un símbolo de otra persona.

Cierre Reflexivo: se finalizó preguntando: "Ahora que vemos nuestros sentires plasmados en el mapa, ¿qué necesitamos hacer como comunidad para cuidar los lugares y transformar o solucionar los lugares problemáticos?"

El resultado final fue un mapa comunitario afectivo que no solo muestra la geografía física de la vereda, sino también su geografía emocional.

CONCLUSIONES:  

A partir de la aplicación del taller de Cartografía Afectiva en Mochuelo Bajo, el mapa resultante no es solo un plano geográfico, sino un registro detallado de las transiciones socioemocionales del territorio. Las ubicaciones de los iconos revelan un panorama complejo que equilibra el arraigo familiar con la nostalgia por la vocación campesina y la cruda realidad de los problemas urbanos que trajo la expansión de Ciudad Bolívar.

La disposición de los iconos afectivos en el plano del Mochuelo Bajo permite extraer conclusiones categóricas sobre las prioridades y las tensiones del grupo de mujeres mayores que participaron en el taller:

Corazones

1. El Hogar como lugar afectivo y logro generacional: El arraigo se concentra en lo privado: El hecho de que la mayoría de las participantes ubicaran un Corazón en su propia casa subraya que el afecto y la seguridad ya no residen en el espacio público o comunal (como pudo haber sido en la vereda), sino que se han replegado al ámbito doméstico y la valoración del esfuerzo propio, este patrón significa que la vivienda es el máximo logro tangible en un contexto de precariedad. Representa el esfuerzo generacional y la autogestión para establecer una base estable en un barrio de poblamiento informal. Es un santuario de seguridad frente a las problemáticas que trae la ciudad (inseguridad, falta de servicios, etc.)

Conexión con la Memoria Campesina: Al colocar Corazones en sitios turísticos de la vereda (como La Piedra del Mohan, el campo cultivable y el mirador), se evidencia una doble pertenencia. El afecto se distribuye entre el esfuerzo presente (la casa) y la memoria idealizada del pasado rural (los referentes naturales y paisajísticos)

Velas

2. Anhelo de Estabilidad y Retorno a la Tierra. El sueño de la casa propia y la legalidad: La colocación de la Vela en la consecución de casas propias por parte de quienes no la tienen, indica que la propiedad legal y la estabilidad habitacional siguen siendo la máxima aspiración urbana.

La incertidumbre sobre la tierra es una constante en el borde urbano-rural.

Nostalgia productiva: El sueño de "fincas asociadas al retorno a la vocación de campo" no es solo una regresión romántica, sino un indicio de una búsqueda de alternativas económicas y de subsistencia más allá de la dependencia de la ciudad. Representa la esperanza de recuperar el control sobre el entorno y la producción, algo que se perdió con la urbanización.

Estrellas

3. Reconocimiento de la Manzana del Cuidado como eje Social y la infraestructura de la sororidad: La mayoría de las estrellas (Lo mejor/Destacable) se concentraron en la Manzana del Cuidado del Mochuelo. Esto destaca la importancia crucial de estos espacios como puntos de encuentro y provisión de servicios diseñados específicamente para las mujeres.

Valoración del encuentro colectivo: En un territorio donde la soledad y el aislamiento pueden ser comunes, este resultado subraya que la Manzana del Cuidado es percibida como un "oasis urbano". Es el único lugar formal y accesible que la ciudad ha dispuesto para ellas, y por ello es altamente valorado como un pilar de bienestar y apoyo mutuo.

Espirales

4. La Inseguridad como Cicatriz de la Urbanización Fallas en la Inclusión Urbana: La colocación masiva de Espirales (Regalo Simbólico/Carencia) en lugares donde faltan servicios urbanos básicos (pavimentación, parques, alcantarillado) revela que la expansión de la ciudad fue voraz, pero incompleta. La urbanización de la vereda se hizo sin la infraestructura mínima de dignidad. La Inseguridad: El peor legado de la Ciudad: El hecho más revelador es la concentración de espirales sobre la palabra o zonas sin seguridad, esto señala que el problema más sentido y de mayor impacto emocional que trajo la conversión de vereda a barrio es la inseguridad y la violencia urbana. Es una clara indicación de que el espacio rural, aunque precario, ofrecía un mayor sentido de comunidad y protección, mientras que el barrio adscrito a la ciudad heredó sus dinámicas de riesgo y vulnerabilidad social.

CONCLUSIONES ADICIONALES:

Dispersión vs. Concentración Afectiva: existe una dispersión afectiva hacia los elementos naturales (Corazones en miradores) versus una concentración de la necesidad en los nodos de conflicto (Espirales en servicios y seguridad). El mapa muestra un territorio querido por lo que fue, pero fuertemente criticado por lo que es.

El Tejido como modelo de Solución: La sesión de croché previa estableció la solidaridad y el "hacer y deshacer con paciencia" como la metodología comunitaria implícita. Esto se traduce en la demanda final: para "cuidar los lugares con y transformar o solucionar los lugares problemáticos", la comunidad debe aplicar el mismo modelo de ayuda mutua y persistencia colectiva que usan para tejer.

Transición de la Identidad: El mapa captura el momento bisagra en la identidad de las participantes: ya no son campesinas (su vocación está en la nostalgia), pero tampoco se sienten plenamente ciudadanas (pues carecen de los servicios y la seguridad urbana). Son habitantes de un borde resiliente, luchando por recuperar la paz del campo en la estructura hostil del barrio.

De igual manera el tejido en croché en El Mochuelo Bajo se transforma de una simple manualidad a una estrategia de resistencia psicosocial y una infraestructura social para afrontar las tensiones derivadas de la rápida y precaria urbanización. Ayuda a superar las situaciones negativas reveladas en la cartografía afectiva (inseguridad, falta de servicios, nostalgia) a través de dos ejes principales: el terapéutico individual y el de la sororidad colectiva.

El Tejido es terapia y regulación emocional ofreciendo beneficios concretos que funcionan como una catarsis ante el estrés de la vida en la periferia como mecanismo de reducción de la ansiedad, desde un enfoque de terapia ocupacional que contrarresta la sensación de impotencia que generan las problemáticas estructurales.

El tejido permite la afirmación de la productividad y la autoestima como un logro tangible al completar una labor manual proporcionando una satisfacción inmediata y visible como logro vital, ya que muchas mujeres mayores en estos contextos pueden sentir que su rol social ha disminuido. El tejido les otorga un nuevo rol de productoras reforzando su sentido de utilidad y autoestima.

El tejido permite una conexión con la memoria ya que, al tejer, mantienen viva una memoria motriz y cultural que las conecta con la identidad de la vereda que está desapareciendo, contrarrestando la sensación de desarraigo que trajo el cemento.

El Tejido es sororidad por lo que el taller va más allá del beneficio individual, funcionando como un dispositivo de cohesión que fortalece la estructura social de apoyo en una zona marcada por la vulnerabilidad.

El tejido es modelo de ayuda mutua y resiliencia, de intercambio de saberes y validación: El encuentro es un espacio donde se valida el conocimiento y la experiencia de cada mujer.

El tejido es catarsis colectiva y espacio seguro que actúa como un espacio seguro, estable y como incubadora de encuentro y resiliencia. 

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