SOBRE EL TEJIDO, LA RURALIDA, LAS MUJERES Y LO COMUNITARIO
Mucho se ha hablado de la deuda histórica del país para con la
población rural, de las dificultades para vivir la identidad campesina en un
territorio en constante conflicto con su raíz campesina, del casi nulo acceso a
la tierra, de la escasez de garantías, del peso del conflicto armado, de la
pobreza, la falta de infraestructura y servicios básicos, de la marginación
cultural y social entre otros interminables situaciones, especialmente
agravadas bajo la condición de ser campesinos de borde o ciudad. Los campesinos
del borde urbano-rural de Bogotá además enfrentan una situación ambigua marcada
por la pérdida de su territorio ancestral ante una agresiva expansión urbana,
la exclusión de las políticas tanto rurales como urbanas que les tomen en
cuenta, la presión inmobiliaria, la degradación ambiental, la inseguridad
económica, la invisibilización, el poco reconocimiento de sus existencias y
saberes, el desconocimiento de su papel fundamental en la soberanía alimentaria
y la identidad cultural distrital, la estigmatización histórica, asociada al
atraso que decanta en la tragedia de tener que combinar la agricultura con
trabajos informales y, poco, pero muy, muy poco de la especificidad de una
población que resulta incluso aún más vulnerable entre los vulnerables: la
mujer del borde urbano-rural. Ellas, que son y han sido artífices del
desarrollo social y cultural del campo estando presentes hombro a hombro en la
realización de las labores propias del jornal, y las faenas del campo sumadas a
las peripecias de la cocina y los cuidados de familiares y animales, que han
encarado históricamente las inmensas perdidas del conflicto y las violencias
subsecuentes de la ruralidad, han sido una de las poblaciones históricamente más
relegadas del país siendo al final depositarias de todas sus violencias.
En este contexto, las mujeres campesinas del borde no sólo deben
soportar los abusos que genera la condición de ser mujer y pobre sino, además,
cargar con la invisibilización de su vida, de su fuerza de trabajo y la
estigmatización de su condición cultural por parte del mundo urbano.
En medio de este panorama surge el tejido, como un símbolo de
resistencia, como motivo
de reunión, como reafirmador de la identidad campesina y femenina, como salvaguarda
de sus luchas, sus memorias y sus formas de vida. A través del acto de tejer,
las mujeres del borde urbano-rural construyen comunidad, fortalecen redes de
apoyo y transforman el aislamiento, la soledad y la desesperanza en encuentro y
sanación colectiva y ahí, en medio de los hilos y los ovillos de lana, emerge
siempre la palabra.
Ese fue el centro de
gravedad de la investigación, de eso se trató: de dar palabra rostro, nombre y
reconocimiento a las tejedoras rurales de Usme y Ciudad Bolívar, de dar voz a
las sin voz, a las que existen sin existir en las entrelineas de la vida, de
escuchar sus historias, sus heroicidades, sus recorridos y gestas, de registrar
las peripecias de su vida simple, de desentrañar la vida simple del borde
urbano-rural desde una arqueología de lo cotidiano que propende por encontrar
verdaderos tesoros en la vida menuda, de escuchar sus relatos mientras tejen y bordan,
de escrutar sus palabras como objetos de estudio importantes y dignos de ser
conocidos, destacados, de hablar de
sus formas de ser y de ver el
mundo como testimonio histórico hacia futuras generaciones, de invitar a la
palabra desde algunas actividades de motivantes, de tejer la propia historia y
sumarla a la historia mayúscula porque, como decía el escritor Jorge Luis
Borges: toda historia, por mínima que sea hace parte de la gran historia
universal y sobre todo: de tejer testimonio, de tejer dignidad, de tejer como
terapia comunitaria, como reparación simbólica y emocional, como
reconstrucción, de tejer futuro en
memoria de lo que fue, de las que antes fueron, de tejer para rescatar el hilo
pedido de la memoria, de tejer con intención femenina y convocante, de tejer para
remendar el tejido social roto, tejer como una forma de acción social capaz de modificar objetos, espacios y vidas.
Lo que se presenta aquí
son pues los hallazgos, las reflexiones, testimonios, ideas, palabras, sueños y
expectativas de las mujeres de la ruralidad de Usme y Ciudad Bolívar participantes
de los laboratorios del proceso “Círculos En Espiral” como reconstrucción de su
memoria histórica.
La metodología
de recolección estuvo dividida en tres fases principales: Captura de
experiencias, Análisis de experiencias y Narración de la memoria.
Fase 1: Captura de las experiencias: Con el objetivo de recolectar las
vivencias, procesos, descubrimientos de las participantes en el proceso a
partir de:
1, sesiones
de memoria grupal: Como metodología se pide a las participantes que expresen
sus pensamientos antes, durante y después de cada sesión de tejido a partir de
preguntas motivadoras y disparadores de memoria tipo: "¿Qué memorias,
sentimientos y pensamientos te evoca el ejercicio a realizar de acuerdo a cada
tema?", "¿Qué recuerdos aparecen mientras tejes?" o "¿Qué
historia cuenta el tejido que estás creando?", "Si tu tejido hablara
¿qué diría?"…
Como cierre
de cada sesión se dedica un espacio para compartir sensaciones y aprendizajes
para enriquecer el archivo de memoria.
Entrevistas
Semi-estructuradas: se realizan entrevistas individuales a profundidad con cada
tejedora desde preguntas abiertas para explorar el proceso de forma más
personal: "¿Qué te aporta el taller?", "¿Cómo ha
cambiado el tejido tu relación con el tiempo y la cotidianidad?",
"¿Hay algún momento en el taller que consideres un punto de inflexión en
tu historia personal o creativa?"…
Fase 2: Análisis de experiencias.
Una vez que
el material se ha recolectado, se organiza para encontrar los hilos conductores
de las historias a partir de Identificación de Ejes Narrativos: Logrados
después de leer y releer el material (diarios, textos, audios y
transcripciones). La búsqueda de temas recurrentes: la sanación a través del
arte, la memoria familiar, la conexión con la naturaleza, el empoderamiento, lo
comunitario como ejes narrativos sobre los que se construirán los textos
finales.
Fase 3: Narración de la memoria:
En esta
fase, se transforma el material analizado en un producto final o creación de
una Antología Narrativa, con base en los ejes narrativos, se escriben una serie
de tres textos (crónicas) que combinan las voces e historias de las tejedoras.
Diseño y publicación virtual de textos-crónicas de memoria tendientes a reunir los discursos, testimonios, procesos e ideas de las participantes del proceso, permitiendo que las memorias individuales y colectivas se transmitan y perduren en el tiempo como salvaguarda de la memoria histórica del proceso.
AGRADECIMIENTOS:
Agradecemos a las personas que se sumaron a soñar con nosotras Mujeres Paz y Memoría en cabeza de Lizeth Fonseca y Angélica Cuéllar a hacer realidad esta investigación; a las lideresas que, con su amor, se unieron a conovocar a otras y a gestionar los espaciós para la realización de los laboratorios (Luz Marina Zárate, Olga Chacon, Nury Salazar Eslava, Ricarcinda Tautiva Melo, Lucila Gonzalez Morales, Ana Ofelia Suarez, Gestoras de Manzana del Cuidado de Mochuelo Bajo Leydi Jimenez y Biblioteca Publica de Pasquilla Vielsa Milena Marroquín); a nuestras maestras sabedoras, quienes compartieron generosamente su conocimiento (Liliana Bejarano, Nury Salazar Eslava, Ricarcinda Tautiva Melo, Lucila Gonzalez Morales, Ana Ofelia Suarez, Carlos Urbano); a quien capturó cada uno de los momentos, compartires, tejidos y aprendizajes en video y foto (Carlos Mauricio Calvo Martinez); y a quien, a traves de las relatorías, las palabras y las narrativas, dejó plasmadas las vivencias en esta sistematización (Carlos El Gato Martinez).
Gracias por tejer juntas y juntos esta investigación que busca preservar las narrativas, simbolismos, sentires, saberes de algunas de las persnas que practican el tejido en la zona rural de Ciudad Bolívar y Usme.
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